Dr. Ramón González Hardy cómo un ex Fiscal, ex Diputado, Ex Procurador de la República y un abogado jurisconsulto del país

“Eduardo,  puedes decirlo y repetirlo  mil veces, que no robé, no robé (me repetía), fui un hombre honesto y que tuve muchas tentaciones, desde algunos compañeros Diputados, hasta de los cárteles de Colombia,  pero siempre preferí vivir con mi conciencia tranquila y que nadie pudiera señalarme”

Vivió de su profesión y sin aceptar privilegios hasta el día que descansó con Dios.
Conocí al Dr. Ramón González Hardy cómo un ex Fiscal, ex Diputado, Ex Procurador de la República y un abogado jurisconsulto del país pero sobre todo un hombre paternalista, protector de su familia y por supuesto celoso de su hija más pequeña (Lourdes Margarita), pero con un amor a mi familia y a mi madre en especial, lo que me permitió una brecha para entrar a su casa, a su familia y a su corazón.

Allá por el año 1997 empecé a visitar su casa tras el amor de su nieta Lourdes Margarita, quien desde meses fue recibida en su casa como su hija menor, desde el primer día dormía en el medio de él y doña Lourdes, donde durmió hasta el día que se casó conmigo. Una vez me agarró “camán.. ahí” poniéndome entre la espada y la pared, pero de una forma tan sutil que era imposible decirle que no, pidiéndome que me casara ( Ya ta bueno! diez años de amores; en sus palabras) entre muchas cosas apostando siempre a que el amor vencía cualquier carencia económica,  que contara siempre con su apoyo  -No me queda mucho tiempo y quiero ir a esa boda, me dijo.

Cargando la niña.jpg

A don Ramón le atribuyo en gran medida el concepto de familia, el temor a Dios, el amor por la poesía y por La Vega de mi esposa, fué un suegro que supo darme grandes espaldarazos,  un hombre que creyó firmemente en la amistad, en visitar los amigos y demostrarle afecto en momentos buenos y en momentos malos, me demostró que se debía ser firme en defender la postura y flexible y humilde para reconocer los errores.

Jugando-con-la-nieta.jpg

Todos los sábados compartíamos la mesa en la que siempre supo dar en abundancia comida, palabras y sabiduría.Desde los presidentes hasta el más humilde limpiabotas disfrutaron de ella.

Me siento ser un privilegiado de su amor, de sus conversaciones, incluso hasta confesiones, y les puedo asegurar que fue un hombre excepcional.

Don Ramón se desvivió por su esposa doña Lourdes, le escribió innumerables versos y se preocupó día por día desde sus idas a la iglesia hasta lo que se comía. Supo extrapolar el amor del verso al hogar, mi admiración total por ello y solo me queda decirle que lo quise mucho, me demostró que el también a mí y  su ejemplo vivirá en su adorada nieta y en mis hijas, gracias por tanto Don Ramón, me despido con lágrimas en mis ojos pero con una sonrisa en el alma por haberlo conocido.

Eduardo Gómez.