En días pasados en la ciudad donde vivo, cayó un gran aguacero, uno de esos que hacen correr ríos por las calles. En el exterior de mi casa (en la orilla de la calle), tenía una barrica plástica que servía de safacón de la basura generada en la casa, esta no estaba amarrada ni atada a nada y al no tener basura en ese momento se encontraba ligera, lo que provocó que la correinte de agua resultada de la lluvia la arrastrara. No la volvimos a ver por ningún lado, supusimos que alguien la había encontrado y la dimos por perdida. 

Días después una amiga que nos ayuda con el cuidado de las niñas, preguntó a los que trabajan en la recolección de basura si la habían visto, y vaya sorpresa, uno dijo: “sí, no se preocupe yo se la voy a recuperar”.  Mi esposa y yo, ajenos a esta conversación entre “gente increíblemente buena” no interrumpimos.

Otro día, ya a la hora de almorzar, escuchamos el camión de la basura y el ruido de una barrica plástica en la calle, mi esposa levanta la mirada y “sorpresa”  ahí estaba la barrica perdida. Ella más rápido que de carrera, brincó con todo y su barriga de 6 meses de embarazo y sin salir a la calle grita fuertemente: “Gracias!!! Gracias, Que Dios te bendiga”, y le pidió al empleado público (de los peores pagado del país): “dame tu nombre para felicitarte y decirle a tu jefe lo buen colaborador que eres”, él sonriendo, enganchado del camión en marcha le dijo: “él lo sabe, gracias”.

Vemos que aún aparecen gente increíblemente buena , que sirven a los demás y hacen su trabajo sin esperar reconocimiento. Así que la próxima vez que el camión pase a recoger la basura por tu casa piensa que ahí va una gente increíblemente buena.

Eduardo Gómez