Me alegré de lo que me dolía.

Un 29 de enero del 2010, recuerdo bien que era viernes, día de salir a cobrar a los clientes, víspera de fin de mes donde se doblan los esfuerzos para cumplir las metas aun no alcanzadas, recibo una llamada de la empresa donde laboraba;  que fuera a la oficina a una reunión, la excusa fue hacer un arqueo de facturas. Umm, yo ni tonto ni perezoso, hice los cálculos de todo lo anterior expuesto y llegué una rápida conclusión, me van a despedir!.  Preparé todas mis facturas, mi maletín, mi móvil y todo lo de la empresa, listo para ser entregado.  Ahí comenzaba mi grandiosa derrota

El viaje a la oficina fue estresante, pues además de ir procesando esta información de manera sorpresiva, esta se encontraba en la ciudad capital a unas dos horas de la ciudad donde resido. Entre tapones, llamadas de clientes, muchos pensamientos y velocidad, llegué a la empresa y recibí la noticia. No les daré detalles de lo conversado porque a la sazón ni recuerdo bien lo que escuché.

Salí devastado, tratando de entender quién fue el culpable y el porqué.  El viaje que hace unas horas se había convertido en mi enemigo, ahora se convirtió en mi aliado, para pensar, para recapitular pero sobre todo para accionar.  En esa misma semana había leído un libro del que solo recuerdo que decía que las ideas geniales que no se empezaban a materializar en 24 horas empezaban a parecer descabelladas. Me puse en acción y llamé una amiga muy querida, Patricia, que trabajaba con un gran empresario, le expliqué lo que pasó  y le dije, llegó mi momento de emprender y quiero ideas de negocios.

Coge la pasión y acciona

Creo que mi convicción de accionar rápido la convenció para que me consiguiera inmediatamente una cita con él. Llegué directamente a su oficina y conversamos sobre lo sucedido y las propuestas para hacer algún negocio, no conseguí ninguna especifica pero algo si aprendí, la pasión determina el éxito, estoy seguro que esa pasión que se prendió en ese viaje de dos horas consiguió la cita con una persona muy ocupada, que no me conocía y la cual no tenía por que ayudarme ni escucharme, pero me recibió y me escuchó.

 

Luego de ahí hice varios acciones, me motivé más por contar con un primo que tenía también el deseo de emprender, mi esposa me apoyo muchísimo pero usted que me lee que tiene el deseo, que quizás no tiene un primo, ni una esposa dispuesta, solo necesita para empezar;  empezar.

Grandiosa derrota

Esa pasión que se despertó en mi a raíz de un momento amargo, se puede prender en ti ahora, solo tienes que accionar, puedes emprender desde donde estas, no haciendo bien lo que haces, sino haciéndolo Súper bien.  Esa pasión me acompaña hoy a todos lados, esa pasión me ayudó a crear una pequeña empresa que hoy cuenta con un equipazo de más de 13 personas y con proyección de en Junio 2018 ser la empresa con mejor presencia digital de la Provincia La Vega y para el 2019 ser la mejor empresa para trabajar en La Vega.

Eso que hoy te atormenta, mañana puede ser la chispa que necesitas para celebrar una grandiosa Derrota. Para empezar necesitas empezar.

 

Eduardo Gómez